Yves Bonnefoy (1923-2016): gran poeta francés, crítico, ensayista. De su obra muy vasta, marcada por la coherencia de su búsqueda, elegí el siguiente poema:
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Ya desde el título, se anuncia la fragilidad, la carencia propias de lo humano, según la mirada del yo lírico. Frente a su anhelo de plenitud total: sólo un poco es posible. El motivo de la descripción poética es un copo de nieve, algo propio del paisaje invernal de su morada. Algo cotidiano, quizá inadvertido, se convierte en el impulso de una visión poética reflexiva: precisamente su pequeñez, su fugacidad, provocan como un desafio a la palabra del poeta. Su voz imagina que podrá otorgar a ese bello ser su dimensión absoluta. ¿Cómo lo hará? A través de la palabra poética. Así transformará el inexorable devenir de la vida, en ahondamiento del momento, una abolición o una detención del tiempo. Ese es el proyecto del poeta, plasmado en los seis versos de la primera estrofa. Pero la segunda y final estrofa, presenta la paradoja de ese deseo imposible: la tibieza de vida humana contribuye a la disolución del objeto poético, le transmite su propia inadecuación, su fragilidad, su falencia. Por eso, la conjunción adversativa encabeza el terceto: «Pero» («Mais»), contradiciendo el intento. La metamorfosis deseada no se ha logrado («Pero él ya no es más»). Sin embargo, se ha producido otra transmutación: la nieve es ahora «agua», elemento vital. Y aunque sea «un poco», no se pierde del todo: pasa a existir de otro modo, cobra vida como parte de un todo colectivo, que se iguala a la presencia del poema y puede calmar nuestra sed.
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